martes, 17 de agosto de 2010

Y otro más... justo antes de cerrar el chiringuito durante unos días

Yo, que venía a despedirme de todos vosotr@s durante unos días, me he encontrado con una sorpresita, otro regalo en forma de premio.

Pues eso, que esto de los premios bloggeros está subiendo como la espuma, y a mí me hace muchísima ilusión recibirlos, esta vez de mano de la fantástica Noelia Amarillo. ¡Gracias, guapísima!

Las condiciones para recibirlo son dos, aunque la primera yo veo innecesario mencionarla, porque SIEMPRE hay que dar las gracias por cualquier regalo que recibamos. De cualquier modo, me repito: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

La segunda condición consiste, cómo no, en pasar el testigo a otros cuatro blogs, otorgándoles este mismo premio. Pues ahí va, éstos son los blogs, aunque creo que su destino es del todo menos oscuro, o al menos yo lo veo muy nítido:


Y poco más. Como ya he comentado al principio de esta entrada, me voy a ausentar durante unos días, pero deseo de todo corazón veros a tod@s a la vuelta. Además, a mi regreso tengo preparada una sorpresita que espero que os guste… y no, no es otro premio. Es algo más “íntimo y personal” que quiero compartir con vosotr@s, mis lectores en la sombra, mis seguidores, mis amigos.

¡Nos vemos en septiembre!

viernes, 13 de agosto de 2010

Esta entrada va de premios...

Pues sí, esto va de premios. En el día de hoy, y por dos fuentes distintas, mi blog ha recibido estos premios:
Como es de bien nacido ser agradecido, lo primero que debo hacer es dar infinitas gracias a quienes me los han concedido, esto es, el blog de el misántropo digital y el de Yolanda Quiralte. Aprovecho esta entrada para recomendar encarecidamente que visitéis sus respectivos rinconcitos, ya que merecen la pena. De verdad de la buena.

Al parecer, tengo que exponer así, en público, tres cosas que me gusten. ¿Sólo tres? Si es que hay tantas… bueno, a ver: por encima de todo, me encanta dormir. ¡Es mi mayor hobbie! También me gusta mucho viajar (aunque ahora mismo la cosa está chunga con esto de la crisis). Y la otra cosa que me apasiona (no, no voy a decir “leer” o “escribir” porque eso es obvio) es una buena charla con los amigos. Como veréis, cosas sencillitas.

Y ahora, el momento de pasar el relevo de la antorcha. Los blogs elegidos para recibir estos premios son:

1.-Ana R. Vivo
2.-Menchu Garcerán
3.-Mar Carrión
4.-Los achiperres de Mamen
5.-Anna, del blog “Princesa”

martes, 10 de agosto de 2010

El faro (3ª parte)



Aquí está la tercera y última parte que dispongo de “El faro”. A partir de ahora el argumento de esta historia habrá que dejarlo a vuestra imaginación… o a la mía. ¿Cuál os gusta más? 

Lo único que hizo fue girarse para plantarle cara. Apoyó levemente sus manos en el musculoso pecho para así crear una cierta distancia que los separase y, sin quererlo, con la yema del dedo corazón rozó el extraño colgante que ese hombre llevaba prendido al cuello. Sintió un tapón en los oídos, un hormigueo en sus articulaciones y la sensación de que le faltaba aire. Acto seguido se desmayó. De lo último que tuvo constancia antes de desvanecerse fue que unos fornidos brazos la sujetaban para evitar la inminente caída.

A partir de ese instante todo se volvió caótico. Comenzó a vagar en una espiral de imágenes entrelazadas, en las cuales se mezclaban retazos de su pasado con escenas desconocidas. En un momento dado permanecía de pie junto al bombón de su profesor de Economía mientras sujetaba firmemente, entre sus manos, el portafolios con el trabajo a entregar ese semestre, intentando en vano articular dos palabras coherentes, y al momento siguiente pasaba a encontrarse en medio de un paraje desconocido para ella, rodeada de exuberante vegetación pero completamente sola.

Hacía un tiempo lluvioso, con un fuerte viento que agitaba con fiereza las ramas de los árboles, y un estremecimiento la recorrió de arriba abajo. Estaba calada hasta los huesos, pero ese no fue el motivo de su agitación. Algo oscuro y trágico estaba a punto de ocurrir. Esa imagen desapareció precipitadamente, dando paso a muchas otras más, innumerables sucesos ya vividos anteriormente por ella. Eran flash-backs, se evaporaban tan rápido en su retina como habían venido, pero vio transcurrir toda su vida a una velocidad vertiginosa, como si una fuerza invisible hiciese pasar hacia atrás, a un ritmo trepidante, las hojas de un calendario.

El tiempo se paró, encontrándose de nuevo en el salón de su antigua casa. Vestía aquel ridículo camisón con el dibujo de ese teleñeco cuyo nombre nunca conseguía recordar, y su carita infantil resplandecía, iluminada de alegría, ante la visión de todos los regalos que le habían traído esa noche los Reyes Magos. El sentimiento que la inundó fue de felicidad absoluta, pero al instante siguiente se transformó en una tristeza y agonía total.

Volvía a estar en aquel paraje inhóspito, pero ya no se encontraba sola: hombres, mujeres y niños de piel olivácea corrían de un lado para otro agitando los brazos con una expresión en sus rostros de puro terror. Desvió la mirada hacia un claro que se abría en la espesura del bosque, y por allí vio aparecer multitud de hombres a caballo, vestidos con extraños ropajes, portando en sus manos antorchas encendidas.

Sus ojos inyectados en sangre reflejaban el odio más visceral que jamás hubiese podido contemplar.

De improvisto, los jinetes azuzaron sus monturas y las guiaron en un movimiento calculado, formando alrededor de toda esa gente un inconfundible círculo, con lentitud pero suma precisión, hasta encerrarlos en una prisión mortal.

Observó con horror cómo desenvainaban sus espadas y, sin pensárselo dos veces, arremetían contra aquellos inocentes. Lo intentó, pero no pudo hacer nada para ayudarlos; incomprensiblemente, sus pies permanecían clavados al suelo, como si hubiesen echado raíces profundas en el interior de la tierra. Lágrimas de impotencia surcaron sus mejillas ante tamaña crueldad, sintiéndose incapaz de evitar lo que estaba ocurriendo frente a sus propios ojos.

Gritó con todas sus fuerzas cuando el primer hombre asestó una estocada mortal a un muchacho que no debía de tener más de catorce años. Sin embargo, no fue por la masacre que estaba contemplando sino un dolor lacerante en el pecho, lo que la hizo doblarse en dos. Se llevó las manos al estómago y, con incredulidad, comprobó que estaban manchadas de sangre.

Su sangre.

Dejó que su mente quedase en blanco. Perdió la noción del tiempo, al igual que la del espacio. Podrían haber transcurrido segundos, minutos u horas. Sólo pudo ser consciente de que, poco a poco, el dolor iba remitiendo y un tenue aroma a jabón de sosa se impregnaba en sus fosas nasales. La cabeza le daba vueltas como si la hubiese metido en una centrifugadora, así que no fue sino al cabo de bastante rato cuando tuvo el ánimo de volver a abrir los párpados de nuevo. Aquella horrible imagen de barbarie y destrucción había desaparecido; en contraposición, ahora estaba siendo tiernamente abrazada por otra persona.

Ese extraño hombre la miraba con ojos cargados de preocupación y, mientras la acunaba en su regazo, no hacía más que repetir:

-Arabelle… Arabelle…

El faro©Chus Nevado