Todas las noches acudía al mismo lugar. Ese sitio ejercía un gran magnetismo sobre ella desde aquella madrugada en la que se despertó sobresaltada y, sin saber cómo, acabó en la orilla del malecón mirando hacia un punto indefinido del oscuro horizonte mientras aguardaba algo que desconocía.
El muelle llevaba años abandonado. Solo con pisar el entablado del amarradero y oírlo crujir se notaba que debía de estar medio podrido, pero eso no le impidió realizar sus visitas nocturnas. Aquel lugar la llamaba como un reclamo. Se sentaba en un neumático viejo que alguien había dejado abandonado tiempo atrás, se despojaba de sus zapatos y, sin ninguna prisa, dejaba volar su imaginación a la espera de lo que estaba por llegar.
Hasta esa noche. El cielo, cubierto de nubes, impedía el paso de la tenue luz de la luna. Parecía la boca de un lobo, por lo que agradeció mentalmente llevar puesto un atuendo tan cómodo como el chándal y las zapatillas de deporte. Así podría moverse con relativa facilidad por aquella zona tan inhóspita. Llegó a su sitio privado, se sentó y esperó.

Se quedó observándolo durante unos instantes. Después, como accionadas por un resorte, sus piernas se pusieron en movimiento y la condujeron hasta allí. Cuando llegó a la altura del casco levantó la vista y supo, sin lugar a dudas, que el barco estaba embrujado. Era imposible que, en pleno siglo XXI, un navío de esas características, conservado además en perfectas condiciones, estuviera anclado en un puerto abandonado.
Aunque también supo que aquello era lo que había estado esperando durante tanto tiempo. Agarró con fuerza la escala de soga y comenzó a subir.
El barco©
3 comentarios:
¿Eingggggg? ¿Y el resto? Joeeeeeeeer, no me puedes dejar así!!!!!!!
jooooooooooooooo, te ha faltado poner: CONTINUARÄ. Se te ha olvidado.
¿Seguro que se me ha olvidado? Ains, no me había dado cuenta... jajajaja
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