Es duro. Muy duro. Extremadamente duro. Y el que diga lo contrario, miente como un bellaco.
Llevaba bastante tiempo rumiando esta idea, aunque siempre lo dejaba para más adelante, como todos hacemos cuando algo realmente no nos interesa. Sin embargo, un amargo suceso acaecido hace tan solo una semana fue el detonante para dar el paso definitivo, así que me insuflé de ánimo y tomé la firme decisión de dejar este vicio.
Bien, pues desde entonces, mi vida es un suplicio.

Al día siguiente de decirle "adiós" al último palito, la tos hizo acto de presencia en mí y ahora se ha instalado como una okupa sumamente desagradable, convirtiéndose en mi tarjeta de presentación frente al mundo. Lo peor, que esto no tiene visos de remitir, al menos por el momento. Pero vamos a ver, ¿no se supone que esto tendría que funcionar al revés? ¿No se supone que esto se produce por un exceso de tabaco, no por la falta de éste?
Luego, otro "tópico" que tampoco se ha cumplido (empiezo a pensar que soy un bicho raro): el apetito. Por todos los frentes te llega la misma información, algo que muchas veces te echa para atrás a la hora de decidir darle carpetazo al fumeteo: "con la ansiedad, se te abrirá el apetito, y es muy normal que cojas unos cuantos kilos porque sustituyes el tabaco por la comida". ¡Otra flagrante mentira! A ver, que a mí no me importaría reducir mi peso, pero no a costa de dejar de comer… si es que parece que me han cosido la boca porque no me entra nada… y eso tampoco puede ser bueno.
Lo dicho: ahora mismo me siento como un calcetín usado, hecha unos zorros. Y no es porque tenga "mono" y me apetezca fumar (al fin y al cabo, esa sensación la sobrellevo moderadamente bien y, excepto en algunos momentos puntuales, soy perfectamente capaz de no sucumbir a la tentación). ¡Es que físicamente me encuentro fatal! Vamos, que conmigo, los investigadores deberían hacer un estudio aparte, porque con el paso de los días, en vez de ir a mejor, voy a peor.
Sin embargo, con todo lo dicho anteriormente no quiero dar pie a confusiones: esto no es una declaración de intenciones a favor del tabaco ni una justificación para seguir fumando. Existen muchos tipos de adicciones perniciosas para la salud, y fumar es una de las más arraigadas en nuestra sociedad. Aunque ahora mismo parezca que esté pataleando como un niño pequeño con un berrinche de aupa, soy plenamente consciente de que esto es por mi bien, que tarde o temprano me encontraré mejor y mi salud me lo agradecerá (además del agradecimiento de todos lo que me rodean).
No estoy segura de poder conseguir la victoria en este primer intento porque, después de quince años ininterrumpidos, es muy difícil darle carpetazo definitivo al tabaco de un día para otro. Tal vez, dentro de un tiempo, recaiga otra vez; muchas veces nuestra fuerza de voluntad sufre períodos de bajón, aunque también nuestra condición humana nos hace superarnos frente a las adversidades. Y ahora es diferente. Ahora tengo un punto más a mi favor para conseguir mi meta, algo muy importante que nunca antes había tenido: la intención de querer dejarlo.
Sólo espero que mis buenas intenciones no se dispersen en el aire "como humo de tabaco" y, dentro de unos años, cuando me preguntéis qué significa para mí esa frase, os pueda decir con total firmeza y seguridad que es únicamente el título de una canción. Una preciosa canción que habla de un vicio, éste por el contrario muy saludable, que me inspira enormemente a la hora de escribir mil y una historias: EL AMOR.